Una paradoja de luz y sombra, fervor cristiano y brujas

Una paradoja de luz y sombra, fervor cristiano y brujas

En 1709, en un remoto pueblo de Veraguas, aconteció el caso más famoso de brujería en el Istmo, y si bien las brujas(os), los duendes, así como otras criaturas no han abandonado por completo el imaginario de todos sus pobladores, hoy La Mesa —donde ocurrió el suceso— es mayormente conocida por el fervor cristiano que despierta la celebración del ‘Señor de los Milagros’, una paradoja de luz y sombra.

A poco más de treinta minutos de Santiago está La Mesa. Aquellos que asisten al poblado entre el 5 y 6 de mayo para la celebración del ‘Señor de los Milagros’ lo hacen por distintos medios: automóvil, moto, bus, a caballo o a pie. Los que por carencias económicas o devoción eligen caminar, inician su recorrido desde mucho antes y suelen ser, en su mayoría, campesinos.

Ni el ardiente sol o las torrenciales lluvias consiguen frenar el andar de estos devotos caminantes, motivados por su culto hacia una representación del Cristo crucificado al que le atribuyen milagros. Ni la noche les detiene, que para muchos todavía esconde en su penumbra a la Tulivieja o al Chivato.

Los viajeros no serán los únicos creyentes presentes en este escenario. El asistente curioso comprenderá esto al encontrar que los residentes de La Mesa dan muestra de aquella calidad humana que se espera hallar en quienes rinden culto al famoso personaje mitológico que murió en la cruz.

Agua, alimento, refugio del sol, descanso o lo que puedan ofrecer a los visitantes. Los lugareños acogen a estos con los brazos abiertos y sin esperar algo a cambio, o quizás les basta con que den las gracias o recibir una sonrisa. Más que la fiesta de una imagen, es la del peregrino, de recibir al que venga.

El dinero se queda con los pocos negocios que hay en el poblado —en el chinito o en el bar ‘La Democracia’—, así como en los bolsillos de los buhoneros que viajan a La Mesa en espera de que la llegada de miles de cristianos les permita sacarse un ‘buen camarón’.

Los inicios de la devoción del milagroso se remontan a una leyenda del año 1580. Concretamente se gestó en Colombia hace siglos. Desde entonces, se han hecho reproducciones del crucificado y con ello su culto se ha extendido a otras regiones de América Latina, entre ellas Panamá, cuya réplica fue recibida por el poblado veragüense en 1991 y traída al Istmo por una cristiana de Santiago.

‘Jamás pensábamos (para entonces) que esta celebración iba a llegar a esto’, relata el padre Eudoro Gonzáles Díaz, quien nos recibió mientras contaba las ofrendas del día en la casa sacerdotal, una estructura amplia que está a unos pocos pasos del templo que resguarda al milagroso.

Para este hombre de nacionalidad colombiana y que asegura que a Cristo le gustan los cohetes —fuegos artificiales—, es difícil creer que a 27 años de la llegada del milagroso, y sin el apoyo de los medios de comunicación y con Atalaya tan cerca, su público crecería hasta los 30 mil devotos. Un número que, en palabras del párroco, no ha parado de crecer y que sigue superando las expectativas.

‘El mundo está cargado de ironía’, me dijo un profesor de filosofía hace un año. Tal afirmación parece confirmarse en La Mesa, cuyo lumínico fervor cristiano proyecta a su vez una sombra, en la cual se resguardan las criaturas de la noche y con las cuales muchos aseguran haberse topado alguna vez.

Desde aquel caso de brujería en 1709, el cual se puede encontrar en la obra del historiador Alfredo Casillero Calvo, Conquista, evangelización y resistencia , las brujas, brujos y similares no se han extinguido a pesar del esfuerzo que realizó la Iglesia católica para devolver a sus pobladores a la devoción de la Cruz.

LEYENDAS DEL INTERIOR

El historiador oriundo de Veraguas Jesús Ramón Jiménez Chamizo ha recopilado más de quinientos casos de encuentros paranormales en La Mesa y otros pueblos de la provincia central como Santiago, Las Palmas o Santa Fe.

Su familia me recibió, brindó alimento y una cama para descansar, ya que mi viaje arrancó a tempranas horas de la madrugada, sin darme tiempo para dormir plenamente. Para cuando llegué, ya la festividad se encontraba en su segundo día y a medio camino de culminar.

A pesar de que probablemente ya había expuesto su mejor material sobre las brujas la noche del sábado y de lo caluroso que fue aquel domingo, estuvo abierto a una entrevista en el patio trasero de su casa familiar. Estuvimos resguardados bajo la sombra de un árbol y en compañía de su sobrina (Valeska) y la pareja de ella (Fernando).

Llevaba consigo unas gafas de sol que solo se colocó por recomendación de su nieta en el momento de posar para la foto, aunque dada mis mínimas cualidades como fotógrafo, la tres capturas salieron borrosas —o quizás era un brujo o duende que me estaba haciendo una mala jugarreta—.

Jiménez me cuenta que la mayoría de estos extraños sucesos le ocurrieron a hombres, que son quienes más acostumbran andar a altas horas de la noche, cuando no ronda ni una sola alma en la carretera o camino, o cuando ya todos duermen en el pueblo. Es el momento perfecto de las apariciones y visiones.

Aunque él asegura que ‘nunca ha visto nada’, no descarta la posibilidad de que estemos ante fenómenos reales. ‘Hasta que te pase a ti, no lo crees’. Pero si finalmente le sucediese a él, afirma que intentaría entrevistar a la criatura que se le manifieste.

Entre los afectados uno podría suponer que solo hay campesinos, pero Jiménez asegura que también entrevistó a economistas, ateos e intelectuales, los cuales todos se vieron frente a estos encuentros inesperados.

Su interés por la brujería responde igualmente a lo que él denomina un ‘antiimperialismo paranormal’, el cual consiste en rescatar tradiciones, cultura, creencias y leyendas, para evitar su olvido mientras favorecemos a Drácula, al Señor de los Anillos, hechiceros, elfos, etcétera.

Quizás le toque al cine o al teatro panameño sacar a la luz esta cultura que se mantiene ignorada, en vez de buscar en Disney o Hollywood las fuentes de inspiración.

Al final, La Mesa se muestra como un pueblo de contrastes, entre santos y brujerías, aquel que resguarda al ‘Milagroso’, pero que también es conocido por el famoso caso de 1709. Es el mismo poblado que a su vez le dará hospedaje a quinientos peregrinos durante la Jornada Mundial de la Juventud.

 

Fuente: http://laestrella.com.pa

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