Panamá es el quinto país del mundo con el mayor recurso hidrológico

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El aprovechamiento del agua de lluvia, o cosecha de agua como se le llama actualmente, no es una innovadora actividad, sino una técnica realizada desde la antigüedad. Tal es el caso de las evidencias arqueológicas encontradas en Jordania e Israel que datan de hace 4 mil años, o las de la república romana entre los siglos III y IV antes de Cristo. De igual manera, en China hace 2 mil años, y más cerca, las sociedades prehispánicas mayas e incas, con sistemas de aprovechamiento de agua de lluvia, cuya terminación llega con las invasiones ibéricas del siglo XVI.

La cosecha de agua no es más que el almacenamiento, cuantificación y correcta distribución del agua de lluvia, utilizándose desde la agricultura, ganadería, usos domésticos, hasta para reservas artificiales y recargas de acuíferos. En Panamá, toda el agua, sea fluvial, lacustre, marítima, subterránea y atmosférica, está regulada por el Decreto Ley 35 del 22 de septiembre de 1966, lo que significa que son bienes de dominio público del Estado panameño.

Según el Banco Mundial, Panamá es el quinto país del mundo con el mayor recurso hidrológico, teniendo la precipitación media más alta de América Central. Por lo cual, el problema del istmo no es la falta de agua como elemento, sino su mala administración como recurso, esto acompañado de la falta de capacidades técnicas y una débil institucionalidad. En Panamá la cosecha de agua se viene efectuando desde hace años bajo el programa de Sistemas de captación y aprovechamiento de agua de lluvia (Sicall), originado por el Centro del Agua del Trópico Húmedo para América Latina y el Caribe (Cathalac) en 2008, y adoptado luego por el Ministerio de Ambiente, beneficiándose más de mil 500 personas en escuelas primarias, comedores escolares, huertos y viviendas.

Actualmente, en Panamá se cuantifican y cualifican los recursos que se explotan de lagos, ríos y acuíferos, pero no se hace lo mismo con el rocío, la niebla, el sereno, las nubes o la lluvia; aunque en el país sobra el agua, se identifican zonas con problemáticas de escasez en periodos determinados del año. Tal como ocurre en el arco seco, esta región geográfica es la más afectada por el estrés hídrico, por lo cual la cosecha de agua en lugares específicos sería un respiro para los habitantes. Por otro lado, se identifican otras zonas con difícil acceso al agua potable, como el este de la provincia de Panamá o parte de Darién, pero esto debido a débiles sistemas de acueductos rurales no supervisados por el Idaan ni el Minsa.

En otras zonas como en tierras altas en Chiriquí, El Valle de Antón, Altos del María y Canajagua en Los Santos, abundan las nieblas y el rocío para una satisfactoria cosecha de agua dirigida al sector agrícola.

En cambio, en la urbe capitalina falta el agua potable en muchos barrios gracias a la mala gestión de la institución responsable, junto al desapego de las autoridades.

Entre los desafíos está la conservación del balance hidrológico, de su fuente primaria, la precipitación; dependen los caudales de los ríos, la recarga de los acuíferos, las cosechas, el agua potable de las ciudades, centros rurales y todas las actividades que dependen del agua, por lo cual su sobreexplotación puede poner en riesgo el balance hídrico de las cuencas hidrológicas.

Para gestionar adecuadamente la cosecha de agua, se debe conocer con datos mensuales la precipitación total, el volumen de agua que escurre sobre la superficie, el volumen de agua que se infiltra a través de la tierra recargando los acuíferos y el total que se evapotranspira. Todo esto debe hacerse según los modelos y parámetros hidrológicos reconocidos para estos fenómenos antes de iniciar un proyecto a gran escala de cosecha de agua.

El buen uso del agua atmosférica es clave para la sostenibilidad ambiental de las cuencas y sus habitantes.

FUENTE LA PRENSA

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