Rubén Blades: La combinación de la literatura y la música

0
119

El compositor panameño, tiene una relación estrecha con la literatura. Sus canciones, se caracterizan por el estilo narrativo similar a la crónica, dan cuenta de la cercanía del cantante con las obras de García Márquez o Franz Kafka.

Rubén Blades, antes que cantante, actor y abogado, es un escritor y un cronista de la vida cotidiana y urbana. Y para ser escritor también se hace indispensable ser lector. Así que hay varios oficios y hábitos que se esconden detrás de sus más de 15 álbumes musicales y de toda una obra artística que combina el cine y la literatura. Que se dan en los escenarios cotidianos, en los barrios de calles empinadas, de tiendas de esquina con grandes parlantes, en los barrios de este lado del continente en el que las botellas de vidrio de las cervezas chocan al inicio de un son o de un bolero.

“La música no es más que un pretexto”, dice el prólogo de Maestra Vida. Y el cantante panameño lo reafirmó con sus composiciones, con las letras y el ritmo carnavalero y latino de la salsa que se convirtieron en crónicas de las problemáticas sociales y políticas de nuestra tierra, de una tierra en soledad y abandonada a su propia suerte. “El ritmo lo determinará el contenido, no al contrario”, afirmaba Blades en la entrevista del libro El imperio de la salsa.

“Es una cuestión que tengo que definir dentro de la manera que yo escribo: cuándo me voy a convertir en un crítico y cuándo solamente en cronista. Yo hice mi tesis en la facultad sobre “la incidencia en hurto y robo”.

Pedro navaja, una canción insigne y un referente fijo del lado literario de Ruben Blades. Una canción que cuenta con la estructura del relato que enseñan los académicos en sus claustros, una historia que Blades consideraba casi cinematográfica: “como nosotros no tenemos cine, pues yo hice cine con una canción”.

De la palabra una imagen, de la imagen una historia, de la historia una obra, de la obra un legado. Así fueron mutando las composiciones que el panameño dibujaba, recreaba, destruía y repensaba una y otra vez en los pequeños cuartos que habitó en Estados Unidos en la década de 1970 luego de huir de su país natal por su activismo político, una postura que alimentó por su abuela, que le enseñó a defender la justicia como valor de unidad y equidad, y también por las condiciones sociopolíticas que se complicaron años atrás por las intervenciones del país norteamericano en Panamá.

Quizá el mayor símbolo de la relación de Rubén Blades con la literatura está en su amistad con García Márquez, autor que denominó al cantante como “el desconocido más popular del mundo”. El resumen o el mayor estandarte de esa amistad combinada entre la soledad de América Latina y el destino como una gran fuerza que el salsero señaló en canciones como Plástico o Rubén Blades se centra en el álbum Agua de luna, producido en 1987 entre el panameño y Seis de solar.

“Yo sólo sé que cuando hay vida todo se puede y / Que si uno usa lo que tiene comprenderá que se / Puede dar sentido a lo absurdo haciendo que sea / Éste mundo la razón de nuestro llegar”, dice una de las estrofas de Agua de luna, la canción que lleva el nombre del álbum y que, a diferencia de las otras siete canciones que componen el álbum, un elogio de Blades a la obra literaria de García Márquez.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here